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Auroras Boreales en Murcia
Fenómeno extraño en nuestras latitudes, sin duda, aunque parece que alguna hemos tenido, si. Ya en los archivos de la Agencia Estatal de Meteorológica hay registro el 4 de Febrero de 1872 de una «espléndida aurora boreal». No fué la primera, no. Según un artículo de La Verdad de esta mañana, y gracias a la hemeroteca del Diario de Murcia, parece que hay registro de al menos dos más.
Así, y sacado del artículo que comentabamos, en la tarde del 26 de diciembre de 1792, mientras aún retumbaban en la huerta los aguilandos de las cuadrillas remotas, con sus sones a mistela y tabaco negro y Misa de Gozo, cierto vientecillo frío del Norte mantenía en Murcia los termómetros a 10 grados. Eran las 15.00 horas cuando muchos murcianos descubrieron en la bóveda celeste una intensa luz hacia el Noroeste, donde el cielo «degeneraba en blanquizo» en un curioso juego entre los rayos solares y las nubes. «Es una aurora boreal», concluía el redactor del Correo de Murcia, sin imaginar siquiera que inmortalizaba una de las primeras crónicas periodísticas sobre este fenómeno en el mundo. El mismo prodigio también se repitió en febrero de 1837, según el artículo que comentábamos.
Además, el 13 de Ocutbre de 1787 volvemos a encontrar referencias a una aurora boreal, esta vez roja, en un Memorial Literario de Descripción de Auroras Boreales. En Murcia se empezó a ver a las 6h25’ y duró hasta las 10. Según textos de la época, «se principió a advertir la parte boreal del cielo con una rubicundez uniforme, que casi instantaneamente se encendió, y cubrió notablemente hasta la cola de la osa mayor, estendiendose algo mas al NE de dicha constelacion, pero sin bajar hacia el horizonte, ni subir mas alto de la cola de la osa, en esta sazon eran ya corridos los 49’ [...] A las 7 remitio algun tanto lo rubro de la aurora, y corrió ácia el O y constelacion del Bootes o Boyero, con varias y continuas intermitencias [...] á los 7’ tomó su color un incremento notable y momentaneo, y se extendió hacia el E cubriendo toda la cola de la dicha osa mayor, á los 12’ casi desapareció totalmente, aunque conservando un color muy remiso en la parte inferor del Boyero [...] y buelta a encender prontamente se insinuó ácia el orizonte [...] A las 10 ya no se veía.»
Y finalmente, del 25 de Enero de 1938, tenemos referencia de la última aurora boreal divisada en la penísula ibérica. Documentada fundamentalmente en Barcelona y Madrid, y a pesar de la guerra, en Molina de Segura por ejemplo hay registro de dicha efemérides, por lo que nos hace pensar que seguro que también pudo ser vista por Murcia.
Así, y sacado del artículo que comentabamos, en la tarde del 26 de diciembre de 1792, mientras aún retumbaban en la huerta los aguilandos de las cuadrillas remotas, con sus sones a mistela y tabaco negro y Misa de Gozo, cierto vientecillo frío del Norte mantenía en Murcia los termómetros a 10 grados. Eran las 15.00 horas cuando muchos murcianos descubrieron en la bóveda celeste una intensa luz hacia el Noroeste, donde el cielo «degeneraba en blanquizo» en un curioso juego entre los rayos solares y las nubes. «Es una aurora boreal», concluía el redactor del Correo de Murcia, sin imaginar siquiera que inmortalizaba una de las primeras crónicas periodísticas sobre este fenómeno en el mundo. El mismo prodigio también se repitió en febrero de 1837, según el artículo que comentábamos.
Además, el 13 de Ocutbre de 1787 volvemos a encontrar referencias a una aurora boreal, esta vez roja, en un Memorial Literario de Descripción de Auroras Boreales. En Murcia se empezó a ver a las 6h25’ y duró hasta las 10. Según textos de la época, «se principió a advertir la parte boreal del cielo con una rubicundez uniforme, que casi instantaneamente se encendió, y cubrió notablemente hasta la cola de la osa mayor, estendiendose algo mas al NE de dicha constelacion, pero sin bajar hacia el horizonte, ni subir mas alto de la cola de la osa, en esta sazon eran ya corridos los 49’ [...] A las 7 remitio algun tanto lo rubro de la aurora, y corrió ácia el O y constelacion del Bootes o Boyero, con varias y continuas intermitencias [...] á los 7’ tomó su color un incremento notable y momentaneo, y se extendió hacia el E cubriendo toda la cola de la dicha osa mayor, á los 12’ casi desapareció totalmente, aunque conservando un color muy remiso en la parte inferor del Boyero [...] y buelta a encender prontamente se insinuó ácia el orizonte [...] A las 10 ya no se veía.»
Y finalmente, del 25 de Enero de 1938, tenemos referencia de la última aurora boreal divisada en la penísula ibérica. Documentada fundamentalmente en Barcelona y Madrid, y a pesar de la guerra, en Molina de Segura por ejemplo hay registro de dicha efemérides, por lo que nos hace pensar que seguro que también pudo ser vista por Murcia.
Carrascoy y su efemérides mas curiosa
Por cierto, curiosa efemérides la de hoy. Y es que un 4 de Junio de 1755 amanecieron con nieve las cumbres de Carrascoy. Así que más fresquete que esta haciendo estos días seguro que tuvieron por aquel año, la verdad. Y sin duda, la única referencia a la nieve que tenemos en nuestra historia meteorológica para el verano.La vieja Condomina y la Nevada de 1926
Digo yo que un campo histórico como la vieja Condomina debe tener también sus reseñas meteorológicas en prensa, no???... Pues si... justo 2 años después de su inaguración, quizás vivió uno de sus días más especiales... el de la gran nevada de 1926... que hizo que se suspendieran hasta dos partidos entre el Baracaldo F.C. y nuestro Real Murcia :)
La Gran Nevada de Diciembre de 1926
Efectivamente, la nevada de los días 25, 26 y 27 de diciembre de 1926 en muchos puntos del levante español la podemos considerar como uno de los fenómenos meteorológicos más recordados del siglo XX. A la presencia de un fuerte temporal de levante acompañado de intensas lluvias, propias del clima mediterráneo, se unió durante estas fechas el hecho de que dichas precipitaciones se produjeran en forma de nieve.
Así, en toda la Huerta del Segura las temperaturas se mantienen bajo cero y se generalizan las nevadas. En Murcia se llega a acumular más de un metro de espesor en menos de 36 horas. Pero es que según las referencias periodísticas, la nieve cayó con una intensidad poco habitual en numerosas localidades del este y sur de España, incluso en ciudades y pueblos costeros como Cartagena, Almería, Málaga, Torrevieja, Alicante o Sanlúcar de Barrameda, nada acostumbrados a este fenómeno meteorológico.
Pero aunque la nevada fue general en toda la península ibérica y especialmente en toda la vertiente mediterránea, ésta fue especialmente intensa, según la prensa, en el sureste, especialmente en las provincias de Alicante, Murcia y Almería. Descuellan las cifras alcanzadas en las ciudades de Murcia y Alcoy –más de un metro de espesor - acumuladas en 36 horas. Son significativos por lo inusual del fenómeno también los espesores alcanzados en Alicante (25 cm.), Orihuela (40 cm.) y Sax (50 cm.).
La “gran nevada”, que es como se la conoce, provocó problemas de abastecimiento que dispararon los precios de alimentos de primera necesidad en algunos puntos especialmente afectados por la incomunicación. En Murcia la cantidad de nieve acumulada provocó el hundimiento de las techumbres de numerosas viviendas. Con destino a los damnificados se distribuyen las cantidades de 25000 pesetas para el Gobernador Civil de Murcia, 15.000 pesetas para el Id de Alicante, 15.000 para el Id de Valencia... El total general de las cantidades distribuidas por todos conceptos, ascendió a 700.750 pesetas.
Así, en toda la Huerta del Segura las temperaturas se mantienen bajo cero y se generalizan las nevadas. En Murcia se llega a acumular más de un metro de espesor en menos de 36 horas. Pero es que según las referencias periodísticas, la nieve cayó con una intensidad poco habitual en numerosas localidades del este y sur de España, incluso en ciudades y pueblos costeros como Cartagena, Almería, Málaga, Torrevieja, Alicante o Sanlúcar de Barrameda, nada acostumbrados a este fenómeno meteorológico.Pero aunque la nevada fue general en toda la península ibérica y especialmente en toda la vertiente mediterránea, ésta fue especialmente intensa, según la prensa, en el sureste, especialmente en las provincias de Alicante, Murcia y Almería. Descuellan las cifras alcanzadas en las ciudades de Murcia y Alcoy –más de un metro de espesor - acumuladas en 36 horas. Son significativos por lo inusual del fenómeno también los espesores alcanzados en Alicante (25 cm.), Orihuela (40 cm.) y Sax (50 cm.).
La “gran nevada”, que es como se la conoce, provocó problemas de abastecimiento que dispararon los precios de alimentos de primera necesidad en algunos puntos especialmente afectados por la incomunicación. En Murcia la cantidad de nieve acumulada provocó el hundimiento de las techumbres de numerosas viviendas. Con destino a los damnificados se distribuyen las cantidades de 25000 pesetas para el Gobernador Civil de Murcia, 15.000 pesetas para el Id de Alicante, 15.000 para el Id de Valencia... El total general de las cantidades distribuidas por todos conceptos, ascendió a 700.750 pesetas.La nevada de las navidades de 1926 es, junto a los sucesos de febrero de 1956 y enero de 1985, uno de los episodios de frío más importantes del siglo XX.
Nota.- Si te interesa el tema, puedes seguir leyendo sobre él en La vieja Condomina y la gran nevada de 1926 o La gran nevada de 1926 en la prensa.
Nota.- Si te interesa el tema, puedes seguir leyendo sobre él en La vieja Condomina y la gran nevada de 1926 o La gran nevada de 1926 en la prensa.
Las inundaciones en Murcia. La Riada de Santa Teresa
La Riada de Santa Teresa, es, sin duda, una de las inundaciones más importantes que ha sufrido la Cuenca del Segura, llegando a ser considerada por muchos como la más terrible jamás vivida. Y es que efectivamente ésta es una de las riadas más destructivas de la crónica murciana.
Los documentos recogen datos escalofriantes. Se supone que en solo 2 horas el cauce del Río Segura alcanzó los 1.890 m3/s (sobre todo teniendo en cuenta que actualmente, más de un siglo después, el caudal supuesto para soportar es de 400 m3/s) y todas las localidades cercanas a la cuenca sintieron sus devastadoras consecuencias, desde el inicio del río en su zona estanca hasta las últimas poblaciones en Alicante, ante la desembocadura en Guardamar. 761 personas desaparecidas en Murcia, 13 en Lorca, 2 en Librilla y 1 en Cieza. Además más de 7.000 familias murcianas que quedaron en la miseria, 5.762 viviendas completamente destruidas, entre casas y barracas, 22.469 animales muertos y la población de Nonduermas completamente desaparecida.
Las Causas
La tragedia se fraguó en la mañana del 14 de octubre de 1879, en la Sierra de las Estancias, donde durante 2 horas diluvió de tal forma que se llegó a contabilizar hasta 12.500 metros cúbicos por segundo durante la primera hora en la que las nubes arrojaban el agua a torrentes, al igual que en la vertiente norte de la Sierra de Almenara, y del Cabezo de la Jara, y en la de Filabres y Cabrera, que inundarán los términos de Huércal-Overa y Cuevas de Vera, en Almería.
Se estima que hubo puntos de la cabecera del Guadalentín, donde se llegaron a recoger en torno a 600 mm en una hora. Este dato se basa en uno de los apuntes historicos disponibles de aquella mañana:
"A ocho kilómetros de Vélez Rubio y tres de las sierras de las Estancias, existe el cortijo de Calderón, con un espacioso corral: en su centro había aquella mañana una caldera de cobre, de forma de prismático-rectangular, cuyas dimensiones eran de dos metros de largo, medio de ancho y setenta centímetros de profundidad. Al empezar la lluvia se encontraba del todo vacía y lejos de las paredes del corral; cuando hacía una hora que las nubes arrojaban el agua a torrentes, dispuso el dueño del cortijo trasladar la caldera al interior de la casa para recoger en ella la goteras que amenazaban anegar la planta baja, y vio que no sólo estaba completamente llena, sino que rebosaba por todas partes".
El golpe de agua llegó primero al pantano de Puentes, que también recogió de la no menos crecida rambla de Caravaca. Se ha calculado en 1.700 metros cúbicos por segundo el agua que llegaba a este pantano, aunque investigaciones recientes lo calculan en 4.000 metros cúbicos por segundo.
El frente de la riada llegó a Lorca a las dos y media de la tarde de ese fatídico 14 de octubre de 1879. Aquí, la lengua de agua, de más de veinte kilómetros y un caudal calculado de 1.450 metros cúbicos, rebasó los pretiles del puente de la carretera de Águilas. Quebró el muro de San Cristóbal y un brazo de agua cruzó las calles y casas de este barrio hasta alcanzar el canal de Tercia. Otro, buscando el cauce de Tiata, derribó el murallón e irrumpió violento en el populoso barrio de Santa Quiteria. Los dos brazos se reencontraron después en el Guadalentín.
Siguiendo con su avance, ya en Totana, destrozó el puente de hierro que había en la carretera de Cieza a Mazarrón, las presas del Paretón y con nuevos desbordamientos arrasó los campos, casetas y barracas en las vegas de Totana, de Alhama y de Librilla.
Mientras, las precipitaciones en la cabecera del Segura también hacían de las suyas. Por Caravaca y Cehegín las aguas causaron grandes destrozos; el río Mula cegó los veneros del barranco de Ucenda y destruyó gran parte de la presa vieja; Y el Mundo y el Alto Segura habían dañado las tierras ribereñas. Por lo que el aumento de caudal del Segura se hacía también evidente, y ya en Cieza fueron en poco tiempo destruidos los frutales, y quebradas las acequias y obras de defensa.
La riada a su llegada a la capital
Sobre las 9 de la noche el caudal del Reguerón, desbordado por ambas orillas, inundó Beniaján por su margen derecho, mientras que por su lado izquierdo cubría toda la huerta hasta el Segura, haciéndose una única corriente que se separó en las Puertas de Murcia tras destruir la Raya, Puebla de Soto y Aljucer, además de Rincón de Seca, Nonduermas y Era Alta. Finalmente convergió a las dos de la madrugada sobre el Barrio del Carmen irrumpiendo el agua por la calle Cartagena y por la Alameda de Colón, precipitándose al río Segura por el Molino de las Veinticuatro Piedras donde el agua encontraba su punto más culminante.
En este momento la ciudad de Murcia está rodeada. El teniente alcalde mandó entonces el repique de las campanas de la Catedral y pronto lo secundaron las de todas las parroquias y conventos. La ciudad quedó a oscuras, con la fábrica de gas totalmente inundada.
El Segura, que por su margen izquierdo había inundado La Albatalía llegando a Espinardo, Churra, Monteagudo, Puente Tocinos y El Raal, estrechaba a Murcia por el Oeste y por el Norte. El mayor frente de las aguas se adueñaba del Malecón saltando al centro de la ciudad e inundando dos barrios completos, junto con multitud de calles y plazas. El hospital, la cárcel y el instituto quedaron bajo el agua. Frente al Palacio del Almudí llegó a subir el río hasta diez metros y medio sobre su base, lo que equivale a setenta centímetros más alto que las calles. Era un caudal de unos 1.890 metros cúbicos por segundo según se pudo constatar por la mañana cuando, tras un descenso a 1.640 metros cúbicos, marcaron la cima de la onda en 1.700 metros cúbicos, y que pudo haber sido mayor si las crecidas de los afluentes de la cabecera del Segura no hubieran llegado cinco horas más tarde.
Otras fuentes calculan el enorme caudal del Segura a la altura de la ciudad de Murcia en 2.500 metros cúbicos por segundo para esa noche, sólo equiparable con el de la riada de San Calixto del 14 de octubre de 1651 y la de San Quintín, del 31 de octubre de 1923. Se estima que el Guadalentín vertió al Segura 1.300 metros cúbicos por segundo.
Finalmente, la riada continuó hasta alcanzar Orihuela, donde el caudal del Segura alcanzó los 2.000 metros cúbicos por segundo y alturas históricas, llegando en algunas calles a los 3,80 metros y alcanzando los primeros pisos de los edificios, y la vega baja del Segura, siguiendo con su destrucción y afectando a quince municipios hasta la desembocadura del río en Guardamar.
La superficie total anegada se calcula en unas 8.000 hectáreas de la vega murciana. Otras fuenten señalan 12.000 hectáreas y 24.000 hectáreas, sumando el Guadalentín y el Segura, con una altura de dos metros y medio en las inmediaciones de Nonduermas. Además, los parajes más profundos de Aljucer, Era Alta, La Raya, Puebla de Soto y Rincón de Seca quedaron cubiertos por dos metros de aguas fangosas, llegando a un metro y medio en la mayor parte inundada.
La Ayuda
Semejante catástrofe trajo también un movimiento de ayuda jamás conocido hasta entonces. En el mismo día de la riada, José Martínez Tornel, director de El Diario de Murcia, puso en marcha una campaña benéfica para recaudar dinero y recoger ropa para los afectados por la inundación. Es difícil que Tornel pudiera llegar a imaginar la gran repercusión que iban a tener sus suplicas.
Varias personas y empresas se dedicaron a realizar recolectas benéficas para los damnificados, como fue la organizada por la prensa murciana que recogió dinero de toda España hasta 1884. Destaca a su vez la figura de José María Muñoz, un acaudalado murciano que donó 500.000 pesetas a la Región de Murcia y 2.000.000 de reales a la ciudad de Orihuela.
Además, la riada también motivó una campaña internacional, y hasta incluso el Comité de la Prensa Francesa editó en diciembre el periódico Paris-Murcie, en el que escribirán Víctor Hugo, Daudet y Zola, entre otros, que fue un magnífico vehículo para sacudir las conciencias en beneficio de las víctimas, siendo Francia uno de los países que más se volcó en la ayuda. Aunque en realidad hasta 33 paises llegaron a volcarse con los damnificados, algo totalmente inédito hasta esa fecha.
Los documentos recogen datos escalofriantes. Se supone que en solo 2 horas el cauce del Río Segura alcanzó los 1.890 m3/s (sobre todo teniendo en cuenta que actualmente, más de un siglo después, el caudal supuesto para soportar es de 400 m3/s) y todas las localidades cercanas a la cuenca sintieron sus devastadoras consecuencias, desde el inicio del río en su zona estanca hasta las últimas poblaciones en Alicante, ante la desembocadura en Guardamar. 761 personas desaparecidas en Murcia, 13 en Lorca, 2 en Librilla y 1 en Cieza. Además más de 7.000 familias murcianas que quedaron en la miseria, 5.762 viviendas completamente destruidas, entre casas y barracas, 22.469 animales muertos y la población de Nonduermas completamente desaparecida.
Las Causas
La tragedia se fraguó en la mañana del 14 de octubre de 1879, en la Sierra de las Estancias, donde durante 2 horas diluvió de tal forma que se llegó a contabilizar hasta 12.500 metros cúbicos por segundo durante la primera hora en la que las nubes arrojaban el agua a torrentes, al igual que en la vertiente norte de la Sierra de Almenara, y del Cabezo de la Jara, y en la de Filabres y Cabrera, que inundarán los términos de Huércal-Overa y Cuevas de Vera, en Almería.
Se estima que hubo puntos de la cabecera del Guadalentín, donde se llegaron a recoger en torno a 600 mm en una hora. Este dato se basa en uno de los apuntes historicos disponibles de aquella mañana:
"A ocho kilómetros de Vélez Rubio y tres de las sierras de las Estancias, existe el cortijo de Calderón, con un espacioso corral: en su centro había aquella mañana una caldera de cobre, de forma de prismático-rectangular, cuyas dimensiones eran de dos metros de largo, medio de ancho y setenta centímetros de profundidad. Al empezar la lluvia se encontraba del todo vacía y lejos de las paredes del corral; cuando hacía una hora que las nubes arrojaban el agua a torrentes, dispuso el dueño del cortijo trasladar la caldera al interior de la casa para recoger en ella la goteras que amenazaban anegar la planta baja, y vio que no sólo estaba completamente llena, sino que rebosaba por todas partes".
El golpe de agua llegó primero al pantano de Puentes, que también recogió de la no menos crecida rambla de Caravaca. Se ha calculado en 1.700 metros cúbicos por segundo el agua que llegaba a este pantano, aunque investigaciones recientes lo calculan en 4.000 metros cúbicos por segundo.
El frente de la riada llegó a Lorca a las dos y media de la tarde de ese fatídico 14 de octubre de 1879. Aquí, la lengua de agua, de más de veinte kilómetros y un caudal calculado de 1.450 metros cúbicos, rebasó los pretiles del puente de la carretera de Águilas. Quebró el muro de San Cristóbal y un brazo de agua cruzó las calles y casas de este barrio hasta alcanzar el canal de Tercia. Otro, buscando el cauce de Tiata, derribó el murallón e irrumpió violento en el populoso barrio de Santa Quiteria. Los dos brazos se reencontraron después en el Guadalentín.
Siguiendo con su avance, ya en Totana, destrozó el puente de hierro que había en la carretera de Cieza a Mazarrón, las presas del Paretón y con nuevos desbordamientos arrasó los campos, casetas y barracas en las vegas de Totana, de Alhama y de Librilla.
Mientras, las precipitaciones en la cabecera del Segura también hacían de las suyas. Por Caravaca y Cehegín las aguas causaron grandes destrozos; el río Mula cegó los veneros del barranco de Ucenda y destruyó gran parte de la presa vieja; Y el Mundo y el Alto Segura habían dañado las tierras ribereñas. Por lo que el aumento de caudal del Segura se hacía también evidente, y ya en Cieza fueron en poco tiempo destruidos los frutales, y quebradas las acequias y obras de defensa.
La riada a su llegada a la capital
Sobre las 9 de la noche el caudal del Reguerón, desbordado por ambas orillas, inundó Beniaján por su margen derecho, mientras que por su lado izquierdo cubría toda la huerta hasta el Segura, haciéndose una única corriente que se separó en las Puertas de Murcia tras destruir la Raya, Puebla de Soto y Aljucer, además de Rincón de Seca, Nonduermas y Era Alta. Finalmente convergió a las dos de la madrugada sobre el Barrio del Carmen irrumpiendo el agua por la calle Cartagena y por la Alameda de Colón, precipitándose al río Segura por el Molino de las Veinticuatro Piedras donde el agua encontraba su punto más culminante.
El Segura, que por su margen izquierdo había inundado La Albatalía llegando a Espinardo, Churra, Monteagudo, Puente Tocinos y El Raal, estrechaba a Murcia por el Oeste y por el Norte. El mayor frente de las aguas se adueñaba del Malecón saltando al centro de la ciudad e inundando dos barrios completos, junto con multitud de calles y plazas. El hospital, la cárcel y el instituto quedaron bajo el agua. Frente al Palacio del Almudí llegó a subir el río hasta diez metros y medio sobre su base, lo que equivale a setenta centímetros más alto que las calles. Era un caudal de unos 1.890 metros cúbicos por segundo según se pudo constatar por la mañana cuando, tras un descenso a 1.640 metros cúbicos, marcaron la cima de la onda en 1.700 metros cúbicos, y que pudo haber sido mayor si las crecidas de los afluentes de la cabecera del Segura no hubieran llegado cinco horas más tarde.
Otras fuentes calculan el enorme caudal del Segura a la altura de la ciudad de Murcia en 2.500 metros cúbicos por segundo para esa noche, sólo equiparable con el de la riada de San Calixto del 14 de octubre de 1651 y la de San Quintín, del 31 de octubre de 1923. Se estima que el Guadalentín vertió al Segura 1.300 metros cúbicos por segundo.
Finalmente, la riada continuó hasta alcanzar Orihuela, donde el caudal del Segura alcanzó los 2.000 metros cúbicos por segundo y alturas históricas, llegando en algunas calles a los 3,80 metros y alcanzando los primeros pisos de los edificios, y la vega baja del Segura, siguiendo con su destrucción y afectando a quince municipios hasta la desembocadura del río en Guardamar.
La superficie total anegada se calcula en unas 8.000 hectáreas de la vega murciana. Otras fuenten señalan 12.000 hectáreas y 24.000 hectáreas, sumando el Guadalentín y el Segura, con una altura de dos metros y medio en las inmediaciones de Nonduermas. Además, los parajes más profundos de Aljucer, Era Alta, La Raya, Puebla de Soto y Rincón de Seca quedaron cubiertos por dos metros de aguas fangosas, llegando a un metro y medio en la mayor parte inundada.
La Ayuda
Semejante catástrofe trajo también un movimiento de ayuda jamás conocido hasta entonces. En el mismo día de la riada, José Martínez Tornel, director de El Diario de Murcia, puso en marcha una campaña benéfica para recaudar dinero y recoger ropa para los afectados por la inundación. Es difícil que Tornel pudiera llegar a imaginar la gran repercusión que iban a tener sus suplicas.
Varias personas y empresas se dedicaron a realizar recolectas benéficas para los damnificados, como fue la organizada por la prensa murciana que recogió dinero de toda España hasta 1884. Destaca a su vez la figura de José María Muñoz, un acaudalado murciano que donó 500.000 pesetas a la Región de Murcia y 2.000.000 de reales a la ciudad de Orihuela.
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